domingo, 1 de enero de 2012

Año Nuevo (por Alberto Ferreyra)

Es preferible esperar
A las 19.58 llegó a la parada. Tenía que estar a las 20.
No debía tomar un colectivo. Lo suyo era jugar un partido de pool.
Había acordado con Graciela encontrarse allí pues a ninguno de los dos le gustaba esperar allí donde el que está solo cree que los demás lo imaginan víctima de un plantón.
-En el pool no, está lleno de tipos -dijo Graciela.
-En un banco de la plaza Olmos podría ser. El problema es que a lo mejor ese banco está ocupado por una pareja y nos desencontramos -contestó Adolfo.
A Graciela le gustó la ocurrencia de Adolfo de verse en la parada de ómnibus tras la Municipalidad y desde allí caminar hasta el pool de Sobremonte al 500, entre Deán Funes y Fotheringham.
-Así me hago la que espero un colectivo mientras vos llegás.
-No vas a tener que esperar. Voy a ir un par de minutos antes de las 8 -replicó Adolfo, con afán de puntualidad después de haber llegado tarde un par de veces en menos de un mes.
Los coches llegaron, se detuvieron y continuaron viaje, como es de prever en las paradas.
Las 19.58 fueron parte del pasado. Quedaron cada vez más lejos conforme se hicieron las 20, las 20.03, las 20.06 y siguientes horas.
Sentado en la verja del edificio de calle Irigoyen al 600, Adolfo miraba hacia la izquierda. Sabía que la chica no iba a llegar por 25 de Mayo, sino por Belgrano o por Irigoyen bajando la numeración, de sur a norte.
Una sombra lo hizo girar la cabeza a la derecha. "No es", fue la amarga consecuencia pensada después de haber visto a un pibe al que había imaginado Graciela.

Lo supo
A las 20.12, Adolfo tuvo la certeza de que ella no iría a la cita. La sabía puntual, con esporádicas impuntualidades de menos de 10 minutos.
Aunque era impaciente como pocos -los analistas del horóscopo se lo atribuían a su condición de taurino-, Adolfo hubiera deseado seguir esperando a darse cuenta de que Graciela no iba a jugar con él al pool. Quizás debido a que la piba con la que inicialmente tomaba el café de los amigos le había generado sentimientos como para proponerle noviazgo.


Autoridades
-Él es rector de la Universidad.
-Él es decano de Ciencias Exactas.
Las tonterías estaban de parabienes en boca de la dupla de jóvenes que parloteaban en el boliche adonde habían ido después de un asado en la casa de Román, un amigo común.
-En realidad no soy el rector, voy a serlo dentro de 20 años -prometió Ezequiel.
No hizo falta desmentir que Martín era autoridad de la Facultad de Exactas.
Las dos chicas a las que se dirigían los miraban y sonreían, acaso momentáneamente entretenidas o aburridas de un modo distinto del de ratos precedentes.
Martín se puso a charlar con Lucía; Ezequiel, con Fiorella.
"Vos tenés dos chicos, yo tengo una nena", fue una de las expresiones que Martín recordó como suya mientras iba saliendo del boliche en remís junto con Ezequiel y Román.
La frase había sido la última de un diálogo con Lucía hasta ese momento prometedor.
El otro parDespués de hablar de un abuelo y una hermana de Fiorella a los que Ezequiel conocía, aludieron a la necesidad de trabajar de ella y al concepto de él relativo a que quien trabaja sin estudiar una carrera universitaria está más expuesto a hacer lo que no le gusta.
Él se ofreció a ayudarla en lo que pudiera. Bueno, pero no héroe de los que aparecen muy de vez en cuando, advirtió que la ocasión era propicia para pedirle el teléfono.
No importó la falta de birome y de papel, ni que fueran 9 los números a memorizar, como que se trataba de un celular.
El sábado, cerca de las 7 de la tarde, él la llamó.
El domingo, a las 8 y 10 de la noche, se sentaron a una de las mesas del café Square, de donde salieron a las 11 menos 20.


Un reloj particular
"No podrás decir que soy impuntual". La frase, pronunciada al tiempo que le mostraba el reloj clavado en las 20:00:00, fue la primera de Adolfo a Graciela ese domingo de marzo.
Ella sonrió y descalificó la hora del reloj de quien sabía que llegaba cerca de 10 minutos después de las 20 a la cita en la heladería que está enfrente de la terminal de ómnibus.
-No pensarás que atrasé el reloj a propósito para aparentar puntualidad -dijo él en tono más jocoso que serio.
Una sonrisa a la que él leyó como "Sos un desastre" fue la contestación de Graciela.
Dolor de muelas adujo ella para no tomar helado.
El impuntual, que acreditaba algún que otro elemento de caballerosidad, explicitó que no era lo mejor para ella quedarse ahí viéndolo tomar un helado. Trascartón, la invitó al tercer café entre ambos.
No fue en Square ni en el Cyber Café de calle Alvear al 600. Se instalaron en uno de Sobremonte al 1000, entre Moreno y Rioja, donde a Graciela no le importaba estar con "ropa de entrecasa", tal la calificación de ella respecto de una remera y un pantalón negros.
El del lugar no resultó el único cambio con relación a los anteriores encuentros. Por primera vez, él la acompañó de vuelta a su casa. Es dable suponer que la conducta confirmaba el entusiasmo creciente de él y el consentimiento de ella.



sábado, 10 de diciembre de 2011

Un Justiciero

El Enmascarado no se rinde
(cuento callejero)


Cuando la maestra entra al aula de 2º grado donde daba clase, encuentra en la pizarra escrito:
PIS (El Enmascarado)


Con el ceño fruncido se dirige a la clase y los increpa para que confesara el culpable.

Ante el silencio reinante, se calma, y dice, "haremos lo siguiente, todos cerraremos los ojos y el que escribió eso, se para y lo borra".
"Todos a cerrar los ojos"

Se escucha que se corre una silla, unos pasitos, ruidos en la pizarra y luego pasos y silla en su lugar.

"Ahora, todos abrimos los ojos"

Y en el pizarrón dice:
PIS Y CACA
El Enmascarado no se rinde!!!

viernes, 9 de diciembre de 2011

No queda Nada...

Nada


He llegado hasta tu casa...
¡Yo no sé cómo he podido!
Si me han dicho que no estás,
que ya nunca volverás...
¡Si me han dicho que te has ido!
¡Cuánta nieve hay en mi alma!
¡Qué silencio hay en tu puerta!
Al llegar hasta el umbral,
un candado de dolor
me detuvo el corazón.

Nada, nada queda en tu casa natal...
Sólo telarañas que teje el yuyal.
El rosal tampoco existe
y es seguro que se ha muerto al irte tú...
¡Todo es una cruz!
Nada, nada más que tristeza y quietud.
Nadie que me diga si vives aún...
¿Dónde estás, para decirte
que hoy he vuelto arrepentido a buscar tu amor?

Ya me alejo de tu casa
y me voy ya ni sé donde...
Sin querer te digo adiós
y hasta el eco de tu voz
de la nada me responde.
En la cruz de tu candado
por tu pena yo he rezado
y ha rodado en tu portón
una lágrima hecha flor
de mi pobre corazón.

Horacio Sanguinetti (1944)

domingo, 4 de diciembre de 2011

Castillos en el Aire

Alberto Cortéz
Quiso volar igual que las gaviotas, libre en el aire, por el aire libre y los demás dijeron, "¡pobre idiota, no sabe que volar es imposible!". Mas él alzó sus sueños hacia el cielo y poco a poco, fue ganando altura y los demás, quedaron en el suelo guardando la cordura. Y construyó, castillos en aire a pleno sol, con nubes de algodón, en un lugar, adonde nunca nadie pudo llegar usando la razón. Y construyó ventanas fabulosas, llenas de luz, de magia y de color y convocó al duende de las cosas que tiene mucho que ver con el amor. En los demás, al verlo tan dichoso, cundió la alarma, se dictaron normas, "No vaya a ser que fuera contagioso..." tratar de ser feliz de aquella forma. La conclusión, es clara y contundente, lo condenaron por su chifladura a convivir de nuevo con la gente, vestido de cordura. Por construir castillos en el aire a pleno sol, con nubes de algodón en un lugar, adonde nunca nadie pudo llegar usando la razón. Y por abrir ventanas fabulosas, llenas de luz, de magia y de color y convocar al duende de las cosas que tienen mucho que ver con el amor. Acaba aquí la historia del idiota que por el aire, como el aire libre, quiso volar igual que las gaviotas..., pero eso es imposible..., ¿o no?

sábado, 26 de noviembre de 2011

Haikus Porteños



EN LA NOCHE
Sirenas de patrulleros.
Ruidos de persecución.
Silencio de incertidumbre.


EN EL BONDI
La moneda cae por la ranura.
Sonido metálico.
Un boleto que sale.


EN LA NOCHE II
El murmullo del viento
en los árboles frondosos,
semeja la lluvia.


Mariano Vincenzetti(2004)

El haiku, haiku, derivado del haikai, consiste en un poema breve de tres versos de cinco, siete y cinco moras respectivamente. Comúnmente se sustituyen las moras por sílabas cuando se traducen o componen en lenguas romances. Es una de las formas de poesía tradicional japonesa más extendidas. Su temática está relacionada con la naturaleza.

Himno de mi Corazón

Los Abuelos de la Nada


Sobre la palma de mi lengua
vive el himno de mi corazón
siento la alianza más perfecta
que injusticia a media vos
la vida es un libro útil
para aquel que puede comprender
tengo confianza en la balanza
que inclina mi parecer

Nadie quiere dormirse aquí
algo puedo hacer
tras haber cruzado la mar
te seduciré
por felicidad yo canto

Nada me abruma ni me impide
en este día que te quiera amor
naturalmente mi presente busca
flores es de a dos
nada hay que nada prohiba
ya te veo andar en Libertad
que no se rasgue como seda
el clima de tu corazón

Nadie quiere dormirse aquí
algo debo hacer
tras haber cruzado la mar
te seduciré
solo por amor lo canto

viernes, 18 de noviembre de 2011

Para leer a los Pitufos




Por Alejo Schapire
Desde Paris



Mientras los cines del mundo estrenan la lavada adaptación en 3D de los suspiritos azules del belga Peyo, un académico francés publicó en Francia un ensayo en el que rasca debajo de la ya mítica superficie azulada y baraja las hipótesis políticas que podría haber en esa comunidad de enanos estandarizados, de gorro frigio y líder rojo: el arquetipo de una utopía totalitaria impregnada de estalinismo y nazismo. Aunque cueste creerlo, las 177 páginas de El pequeño libro azul le han valido a Antoine Buéno no sólo un inesperado éxito editorial, sino también varias amenazas de muerte.


¿Qué clase de doctrina política domina la vida de los pitufos, que obedecen ciegamente a Papá Pitufo? ¿Por qué todos llevan un revolucionario gorro frigio y, con la significativa excepción del líder –vestido de rojo y con una barba marxista–, son idénticos, intercambiables? ¿Y qué sistema rige la economía de la aldea, basada en el colectivismo, el trabajo obligatorio y la ausencia de moneda? ¿Y todas esas hoces y esos martillos que aparecen juntos todo el tiempo?
No hace falta ser demasiado perspicaz para ver en la aldea pitufa una reminiscencia de granja soviética. Todos sospechamos que el mundo utópico de los suspiritos azules es algo más que un inocente dibujo animado para niños salido de un comic, pero hubo que esperar a la publicación de Le petit libre bleu: Analyse critique et politique de la société des Schtroumpfs (Ed. Hors Collection) (El libro azul: Análisis crítico y político de la sociedad de los Pitufos) para contar con una investigación más o menos rigurosa sobre un fenómeno pop cuyo último avatar es la película Los Pitufos 3D, que se estrenó el jueves pasado en el cine.
El escritor Antoine Buéno, conferencista de Sciences Po (Instituto de Estudios Políticos de París), donde enseña la materia Utopía, y ghost writer del ex candidato presidencial François Bayrou, restringió su exégesis a los diecisiete álbumes de tapa dura firmados por el franco-belga Pierre Culliford, alias Peyo, entre 1963 y 1993. El motivo: la muerte del historietista, en 1992, también supuso el fin de aspectos esenciales del universo pitufo, puesto que aunque la historieta fue retomada por su hijo, y Hannah Barbera ya se encargaba en los ‘80 de la versión animada, los rasgos ideológicos de los personajes y sus peripecias se fueron licuando en el signo políticamente correcto de los nuevos tiempos, sobre todo a pedido de los norteamericanos.
Desde el vamos, para Buéno la pregunta no es tanto si esta sociedad constituida por “buenos salvajes” que se rompen el lomo todo el día viven en un koljós –o gulag, nadie abandona impunemente la aldea–, sino si Papá Pitufo vendría a ser Karl Marx o aquel otro Papá, el de los Pueblos, Stalin. El autor se decanta por esta segunda hipótesis, no sólo porque el patriarca ejerce efectivamente el poder, sino por la existencia de otro personaje clave: Pitufo Filósofo, que “parece tener un grado de parentesco con León Trotsky, el mayor rival y el peor enemigo del dictador ruso”. Los anteojos redondos, su personalidad contestataria y de maestro ciruela es la misma imagen que el estalinismo propagó del creador del Ejército Rojo desde los años ’30 hasta declararlo “enemigo del pueblo” y mandarlo matar. De ahí que Pitufo Filósofo sea constantemente aporreado y perseguido por sus semejantes mientras trata de aleccionarlos con arrogancia.
El enemigo de la URSS era el capitalismo, el de los pitufos es el codicioso brujo Gargamel, que aspira a hacer un puchero de criaturitas azules, indispensables en la receta para fabricar la piedra filosofal que le permita convertir el plomo en oro. Para Buéno no hay duda, la avaricia, la nariz ganchuda, la joroba, la suciedad: “Es el judío tal como lo representa la propaganda estalinista”. Por si quedaban dudas, su gato se llama Azrael, casi Israel.
CABALLO DE TROYA COMUNISTA
En plena Guerra Fría, la llegada de los pitufos fue percibida en Estados Unidos como un caballo de Troya pop teledirigido desde Moscú. De hecho, Smurf, como se denomina al pitufo en su versión anglosajona, siempre fue para muchos el críptico acrónimo de Small Men Under Red Forces o Small (o Socialista o Soviet) Men Under Red Father (Pequeños Hombres Bajo las Fuerzas Rojas o el Padre Rojo). Buéno no lo cita, pero su libro, que presenta al pitufo anónimo y colectivizado como la antítesis del ocioso individualista Mickey Mouse, puede entenderse como una respuesta al clásico de los ‘70 Para leer al Pato Donald, donde el chileno Ariel Dorfman y el belga Armand Mattelart pasaban al imperialismo yanqui del tío Walt por la grilla de la lectura marxista.
La principal crítica pitufa al capitalismo se plasma en las páginas de El Pitufo Financiero, donde un azulito desprevenido aprovecha la enfermedad de Papá Pitufo para aventurarse en el mundo de los humanos –siempre decadentes y peligrosos– e importa la idea del dinero. Luego, inventa una máquina capaz de transformar una bolsa repleta de nueces en una moneda de oro. Sabio, Papá Pitufo pregunta al infractor qué piensa hacer con el vil metal. “Comprar una gran bolsa de nueces”, admite el transgresor... Pero la verdadera lección de esta fábula materialista llega después, cuando la introducción de las transacciones crea rápidamente una brecha entre los pitufos más productivos, que se enriquecen, y los demás, como los artistas o Pitufina, que caen en la indigencia. El sistema igualitarista se rompe, sembrando zozobra y dejando al descubierto la verdadera naturaleza del capitalismo. Por suerte, el líder máximo pone fin a la terrible experiencia.
El otro enemigo declarado de la Unión Soviética era el fascismo. El Pitufísimo, segundo álbum de los pitufos, narra cómo en ausencia de Papá Pitufo los pitufos osan organizar una elección para reemplazarlo. Por supuesto, el ganador, gracias a una campaña marcada por el clientelismo, se convierte progresivamente en un déspota que esclaviza al pueblo y lo obliga a edificar un palacio para el tirano. Sólo una revolución acabará con el tramposo régimen salido de las urnas. Papá Pitufo regresa, retoma el poder y, paternalista, les reprocha una vez más el haberse “comportado como seres humanos”.
A Buéno no le faltan argumentos para hablar de sociedad estalinista. El idioma de los pitufos –analizado ya por Umberto Eco en Kant y el ornitorrinco– que sustituye verbos y sustantivos por pitufar y pitufo, ¿no es acaso una neolengua orwelliana?, se pregunta el sociólogo. ¿O por qué el título original de El Astropitufo es Le Cosmoschtroumpf (cosmonauta es la terminología rusa), mientras los francófonos hablaban entonces de “spatiaunautes” y los anglófonos de “astronauts”? La analogía con la utopía marxista es fácil; menos obvia es la comparación con el nazismo.
PITUFINA, LA RUBIA TARADA DEL REICH
¿Y si los gorros blancos fuesen los del Ku Klux Klan? La secta también tiene un líder que usa uno rojo, llamado Gran Dragón. Pero son detalles, aclara Buéno, lo que realmente importa es que el elemento esencial del Tercer Reich fue el racismo, y el primer libro de la saga es, casualmente, Los Pitufos negros. En esta tira, una mosca pica a un pitufo. Este se vuelve negro y empieza a portarse como un salvaje: salta de un lado a otro mordiendo e infectando a sus semejantes mientras grita: “¡Ñac, Ñac!”. Más o menos la idea que los belgas podían tener de los africanos en plena descolonización del continente negro: caníbales brutos que se multiplican como plaga y ponen en peligro la sangre azul del pueblo. De hecho, apunta Buéno, Los Pitufos negros es la única historia que las editoriales norteamericanas se negaron a publicar durante años, hasta que decidieron distribuir una versión en la que los pitufos en vez de negros se vuelven violeta...
En la primera historieta, lo negro era peligroso y degenerado, en la tercera, lo rubio es inocente y bello. Gargamel, siempre buscando un modo de convertir en sopa a los pitufos, crea a Pitufina, la única hembra de la raza pitufa, morocha y de pelo corto, cuya misión es sembrar cizaña con su carácter superficial y caprichoso. La primera reacción de sus congéneres es el rechazo, pero Papá Pitufo interviene y mediante “una operación de cirugía esteticopitufa” la convierte en una rubia irresistible, igual de tonta, pero bella, en otras palabras, la arianiza, lo que le permite la asimilación. Los norteamericanos, en pleno feminismo reivindicativo, interrogaron mucho a Peyo sobre este personaje, pero el autor no hizo más que confirmar las sospechas de misoginia y sólo años más tarde Pitufina, bajo la pluma de otros autores, dejaría de ser el estereotipo de la rubia tonta. Mientras tanto, si hay una sola pitufina es porque “desde una óptica reaccionaria y corporativista, ser mujer es una función social en sí misma”. “Para los nazis, una división clara de las funciones entre los sexos es esencial para la salud moral y física de cada uno y del cuerpo social en su conjunto”, analiza Buéno. “Del mismo modo que sólo hay un Pitufo Cocinero o un Pitufo Campesino, sólo puede haber en esta sociedad de alegorías una Pitufina”, teoriza.
Buéno señala que los pitufos evolucionan en un espacio “volkisch”, la estética folklórico populista de los nazis, y su tiempo es el del pasado mítico, mágico y romántico de una Edad Media ahistórica propia del género fantástico y del imaginario del nacional socialismo. El autor recuerda además que los pitufos son un spin-off de otra tira de Peyo, Johan y Pirluit, que ya le valió acusaciones de antisemitismo cuando en El País Maldito un personaje pequeño y narigón insulta a los pitufos en idish, cuando la convención es usar ideogramas, nubes o rayos.
Lo desconcertante de este ensayo es que, pese a la despiadada lectura que hace de la obra de Peyo, Buéno aclara que acusarlo de estalinismo o nazismo “no tendría ningún sentido”. “No era un hombre engagé”, opina. “Según Hugues Dayez, su biógrafo, no desarrolló nunca una conciencia política.” “No le interesaba la política y votaba por los liberales, el partido belga de centroderecha”, advierte. Y concluye: “Los pitufos serían un caso típico de disociación entre las intenciones de un autor y las representaciones y las ideas desplegadas en su historieta”.
En todo caso, hay fans de los pitufos que no están dispuestos a perdonar estas interpretaciones y le envían por mail insultos y amenazas de muerte. Al principio le causaba gracia, pero a medida que el libro cobra notoriedad la presión aumenta. “Creo que hay seguramente una amalgama entre las polémicas moralizadoras sobre la prohibición de Tintín en el Congo, o incluso en otro registro con Lucky Luke y su cigarrillo”, comenta. “La gente no quiere creer que sólo me entregué a un ejercicio intelectual escolar que no denuncia ni delata. También tiene que ver con el hecho de que está muy ligado a lo afectivo del tema: todo lo que tiene que ver con la infancia tiene algo de sagrado, es como si me gritaran ‘no te metas con mis magdalenas, Proust’”, observa.
Domingo, 7 de agosto de 2011
En: < http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-7235-2011-08-07.html >