La Forma De Mi Corazón
El reparte las cartas mientras medita
Y aquellos jugadores nunca sospechan
Que el no juega para ganar dinero
Que el no juega para obtener prestigio
Él reparte las cartas para encontrar la respuesta
La sagrada geometría de la fortuna
La ley oculta de las probabilidades
Los números conducen una danza
Sé que la espada es el arma de un guerrero
Sé que el trébol es de buena suerte
Sé que el diamante significa dinero en este juego
Pero ésa no es la forma de mi corazón
Él puede jugar el caballero de diamantes
Él puede poner la reina de espadas
Él puede ocultar un rey en su mano
Mientras el recuerdo se desvanece
Sé que la espada es el arma de un guerrero
Sé que el trébol es de buena suerte
Sé que el diamante significa dinero en este juego
Pero ésa no es la forma de mi corazón
Esa no es la forma, la forma de mi corazón
Si yo te dijera que te amaba
Quizá pensarías que fue un error
No soy un hombre de muchas caras
La máscara que uso es solo una
Esos que hablan no saben nada
Y se darán cuenta de su daño
Como ésos que maldicen su suerte en todas partes
Y esos que sonríen al perder
Sé que la espada es el arma de un guerrero
Sé que el trébol es de buena suerte
Sé que el diamante significa dinero en este juego
Pero ésa no es la forma de mi corazón
Esa no es la forma de mi corazón
viernes, 26 de agosto de 2011
jueves, 25 de agosto de 2011
Tango Tecno
GALGUERO VIEJO
Las cosas ya no eran iguales a tus añoradas épocas purreteras de macho viril. Te encontrás frente a una cruzada que difícilmente puedas ganar, pero vos Galguero de ley te dispones a enfrentarla y cantar tu descontento hasta tener la constancia de ser vos mismo el único que escucha tu condena. Ah Galguero… galgueros eran los de antes, los que a punta de chamuyo ganaban las más heroicas batallas en nombre del amor de una mina
Enredado en un mundo incomprensible de sistemas binarios de ceros y unos, alejado del contacto de la piel perfumada de la percanta que soñás; condenado a contentarte con conocer su perfil virtual y sus reproducciones icónicas a través de FACEBOOK.
Hoy te quedan sólo los jirones de lo que fue y no será…
Galguero Viejo, meta tango y cimarrón.
Galguero viejo contra el Chat y la Internet.
Galguero viejo recuperando la ilusión,
los valores que ya no están;
hastiado por las nuevas tecnologías y las relaciones virtuales,
vos, Galguero viejo apostás a la magia del tacto,
el encuentro cuerpo a cuerpo.
Galguero nomás tu apuesta es la de ayer,
la sartén por el mango y la mina por la cintura vos querés tener.
Mariano Vincenzetti
martes, 23 de agosto de 2011
Una historia que vale la pena ser leída.
El Creador de Fantasmas
Cuenta la leyenda que vive en Buenos Aires una criatura mágica y misteriosa.
Camina entre la gente como un más. Tiene una nariz, dos ojos y tres cuentas por pagar.
Pero tiene un poder oculto que, al lanzarlo sobre alguna persona,
provoca en ella un efecto sobre natural:
la vuelve invisible.
Dicen que, además, otorga otras cualidades, como la de volar,
pero hasta ahora nadie vio un ser invisible volando.
No se sabe cómo acciona este poder o dónde encontrarlo.
En esta ciudad ninguna leyenda es cierta y esta, que es relativamente nueva,
no despertó la atención de nadie.
Excepto la mía. (…)
de Gonzalo Azpiri (fragmento)
Ed. Albatros, 2009.
domingo, 21 de agosto de 2011
Libre albedrío
Tratado sobre la Educación en Sociedades Civilizadas
Un hombre de honor en todos sus aspectos; es intachables y lo puede demostrar si se lo permiten, claro. Este individuo recto espera que su familia logre algo similar.
El amor por el estudio es la razón sensible de la existencia, razón necesaria para que dicho amor empape los cerebros y el espíritu de las doncellas incautas. Aquí es donde un hombre se convierte en esclavo de todo el género humano. La “razón de ser” del imperio soberano es someter la parte animal del sujeto.
No tener apetito es grosero, aunque seamos las mejores personas; mas evitar las apetencias viles es de caballero, o dama, con intelecto desarrollado y gusto por la belleza estética. De lo contrario, nos transformamos en una yunta de bestias alienadas y el devenir de la vida ocupa nuestros momentos, volviendo el abordaje de una mujer sensible la mejor opción para nuestras debilidades íntimas. Empero, me parece que la combinación de todos estos acontecimientos se puede tornar horrible.
Mariano Vincenzetti
(interpretación libre de un párrafo en francés)
Si no hay amor que no haya nada
La suerte es un edificio en llamas de deseo
Esperanza era una piba simple, de barrio. Enamorada de Ricky Martin desde chica, no se amedrentó cuando el cantante se confesó homosexual. Es más, ese acto de sinceridad absoluta por parte del puertorriqueño fue determinante para que Esperanza decidiera huir de su casa e ir en busca de su sueño; la chica fantaseaba con tener un hijo de Ricky. Con sus conocimientos construidos a partir de imágenes audiovisuales y revistas del corazón, Esperanza sentía que no había lugar para el fracaso; la magia de sus pensamientos le auguraba un encuentro real, ardiente, con si ídolo. Era una manera de empezar todo otra vez, dejando atrás los recuerdos de su vida anterior.
Esa mañana juntó unas pocas cosas indispensables: una mini negra (matadora), un par de pantalones, tres remeras escotadas y unas bombachas sucias porque Esperanza no tenía lavarropas y, además, era una mina bastante vaga para la limpieza. El resto del lugar en su bolso estaba destinado para sus trofeos; el autógrafo de los Menudo, heredado de su madre, una fanática de la primera hora; sus dos álbumes de fotos de Ricky; y la botella de agua mineral Villavicencio -de vidrio- que el propio Ricky, en persona, le había dado en una disco de Gualeguaychú. Un póster doble de la revista Semanario, donde se le ve la pierna entera y hasta parece desnudo; su medallita de la virgen de Lourdes y el pañuelo blanco con la 'E' bordada en un costado y con la transpiración de Ricky impregnada a fuego en la tela. Y por último, el teléfono de la mujer que le pasó el dato preciso de dónde encontrar a Ricky Martin en la ciudad de Rosario, durante su gira por Argentina. Ese número telefónico, y sus trofeos para la suerte, era todo lo que Esperanza necesitaba para emprender su viaje y cumplir con su objetivo: llevar un vástago de Ricky Martin en su vientre.
Mariano Vincenzetti
Todo tiene un final...
La última hora de un enfermo terminal
Hacía tiempo que Joaquín estaba internado por esa rara enfermedad terminal, en espera de la sin nombre. Varias veces al día una enfermera tetona y baqueteada entraba a la habitación para cambiarle la bolsita con orín conectada a la cánula.
Aquella última tarde toda su familia estaba reunida en círculo en torno a la cama. Todos con cara de pena, todos con cara de “qué le vamo’ a hacer”. Cansado ya de ese cuadro tremendista y sin vuelta atrás, Joaquín pensó “Lázaro, levántate y anda”; se incorporó en la cama ante las miradas azoradas de sus parientes, y con cánula peniana a cuestas se fue por paso presuroso a la sala de enfermería.
En la sala reposaba tranquila aquella enfermera tetona que día a día recogía su pichín. Esta vez Joaquín iba con ánimos de intercambiar los papeles. Porque cada jornada cuando ella cambiaba la bolsita y revisaba su miembro como acariciándolo, él la deseaba y se calentaba un poco más.
Entró con ímpetu, con aires de recuperación milagrosa; la arrinconó de espaldas contra la camilla, ella no puso resistencia; subió su delantal, bajo el resto, hizo lo suyo con fruición y media hora después murió satisfecho.
Mariano Vincenzetti
sábado, 20 de agosto de 2011
Cuento Perruno
¡Cuidado con el Perro! (Liliana Cinetto)
(adaptación de Mariano Vincenzetti)
Federico tenía diez años, vivía en un barrio muy lindo y no tenía perro; Todos sus amigos de la cuadra tenían perro. Siempre le pedía a sus papás que le compraran uno, pero le respondían que para tener un perro se necesitaba más lugar, que la casa era chica y que un perro necesita muchos cuidados. Además su hermana Carolina, que era muy cascarrabias, decía que los perros le causaban alergia; aunque, en realidad, casi todas las cosas le causaban alergia a Carolina.
Un domingo a la mañana, cuando Federico iba a comprar el pan escuchó un ruidito que venía del piso; se acercó y sintió algo muy pequeño que se le trepaba por la nariz y decía “guau”. Era un perro de tres centímetros de largo y dos de alto. Fede se lo puso en el bolsillo y regresó a su casa. A la hora de comer se sentó a la mesa y su hermana comenzó a estornudar. De repente, el perro saltó de su bolsillo y comenzó a comer los ravioles con estofado que la mamá le había servido. Fede contó su historia y su mamá le dijo que nunca había visto un perro tan pequeñito; su papá, agregó que parecía mansito; Carolina dijo “achís”. -Te lo podés quedar-, le dijo su mamá, -pero al primer problema…-. – ¿Cómo se va a llamar?-, preguntó la mamá, -¡es tan… diminuto!-. –Se llamará Diminuto- dijo Federico, -es un gran nombre para mi perro-.
Carolina, la hermana de Federico, no quería a Diminuto y Diminuto se dio cuenta. Entonces, una noche entró en su habitación y le mordió las medias de nailon. A los pocos días, Carolina tenía una fiesta y se compró una hermosa blusa para impresionar a Facundo, su novio. Carolina dejó la blusa sobre la cama, y mientras se bañaba Diminuto le hizo pis encima.
Federico habló seriamente con Diminuto y él le dio su palabra de perro de no volver a hacer algo así. Sin embargo a Diminuto no le gustaba quedarse solo, y un día se metió en el bolsillo del guardapolvos de Federico y se fue a la escuela con él. La maestra lo descubrió y lo llevó a la dirección. Otro día iban al cumpleaños de la tía Dolores y Diminuto se tuvo que quedar solo. Cuando volvieron, la casa era un desastre; todo en el suelo y roto.
La familia decidió que Diminuto tenía que irse. Lo llevarían a la quinta de unos primos en Escobar. Pero esa semana, antes de que esto ocurriera, los padres de Facundo (el novio de Carolina) invitaron a toda la familia a cenar. Diminuto quedó atado con un hilo de piolín a la pata de una silla. Cuando regresaron a la casa todo era un desastre. Pero en un rincón había un hombre con una máscara, acurrucado gritando “Sáquenme a este monstruo de encima, está rabioso, prefiero ir preso”. Diminuto estaba parado sobre el grabador de Carolina ladrándole al micrófono; había defendido la casa como el más feroz de los perros, porque Diminuto será perro y perro chiquitito pero muy valiente.
Finalmente todos decidieron que Diminuto se quedaría en la casa para siempre, y pusieron un cartel en la reja del frente que decía: CUIDADO CON EL PERRO.
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