sábado, 9 de marzo de 2013

Hasta Siempre Comandante


Adiós al Solitario George, el tortugo de las Galápagos

Especies que desaparecen

Por Soledad Barruti

Desde la época en la que desaparecieron los dinosaurios que no hay una pérdida tan brutal de la biodiversidad como la que se está viviendo ahora. La intervención humana aumenta mil veces los factores de extinción naturales, y según la ONU se extinguen cerca de 200 especies por día en todo el mundo. Pero, sin embargo, fue la muerte de George, la tortuga más solitaria de Galápagos, la que parece haberle dado una dimensión más precisa a tanta estadística desoída, mientras marcaba un punto final triste y rotundo a la esperanza científica de salvataje de último minuto. Tanto que todavía nadie se anima a cerrar el capítulo de un esfuerzo que cumplió más de cuarenta años.
Desde que apareció en 1971, vagando por una de las islas más pequeñas y remotas del archipiélago, cual Principito en el asteroide B 612, George se volvió un icono de su universo devastado. A través de él se podía contar la historia del archipiélago, y a través de esa historia mucha de la nuestra más reciente.
Las islas Galápagos estuvieron aisladas del mundo desde que la ristra de volcanes subacuáticos las expulsó, millones de años atrás. Los pocos especímenes que llegaron ahí se desarrollaron siguiendo un curso propio de evolución, alejándose de sus especies, signado por las adaptaciones necesarias para sobrevivir en ese entorno único. En Galápagos los cactus se vuelven árboles altísimos con troncos que parecen de barniz, las iguanas pescan en el agua y expulsan sal por sus narices, como si fueran chimeneas de humo blanco, hay pingüinos que no se van aunque haga 50 grados y, por supuesto, tortugas. Todas gigantes y a simple vista iguales, pero con particularidades que van de la forma de sus caparazones al tamaño de sus patas, dependiendo de en qué pedazo de tierra flotante les haya tocado nacer.
En Galápagos todo cambia en pocos kilómetros: el paisaje puede ser volcanes calientes, rocas llenas de espinas, mares verdes y turquesas o laderas húmedas y exuberantes.
En esa vastedad, el primer visitante cayó a las claras en la playa equivocada. Las Galápagos fueron la imagen del infierno para el obispo de Panamá, el primero en registrar sus costas. Había dragones y monstruos marinos allá adentro, dijo pretendiendo cerrar la puerta maldita. Pero las Encantadas quedaron vedadas sólo para una parte de los fieles. Marineros aventureros las siguieron visitando, convencidos de que la maldición de esas tierras era que los muertos más malvados se volvían tortugas gigantes. “Que las tortugas sean las víctimas de un hechicero punitivo maléfico o tal vez decididamente diabólico, parece probable sobre todo cuando se toma en cuenta ese extraño entusiasmo por el esfuerzo inútil que tan a menudo se apodera de ellas. Las he visto, en sus correrías, arremeter heroicamente contra rocas y permanecer largo tiempo frente a ellas, topándose y retorciéndose, tratando de meter su cuña para moverlas y así poder seguir por su camino inflexible. La maldición que pesa sobre ellas culmina en su ineludible impulso de ir siempre derecho por un mundo plagado de escombros”, escribió Herman Melville, en su extraordinario libro Las Encantadas.
En sus años de historia paralela a la Historia, las islas Galápagos supieron ser morada inhóspita de salvajes piratas, esclavos olvidados, cazafortunas sin fortuna, presidiarios torturados. Sus pájaros fueron inspiración única de un joven Darwin al acecho de una teoría revolucionaria. Y cien años después, funcionaron como base estratégica para Estados Unidos en el frente del Pacífico.
Territorio pequeño y desperdigado, cada visita fue dejando su huella. No sólo fueron poblando a las Galápagos de animales exóticos como perros, gatos, cabras y plantas invasoras que destruían a las especies locales haciendo imposible la supervivencia de las crías. Además aprovecharon para saquear todo eso que ahí abundaba y afuera no había. Con las tortugas y sus fantasmas hicieron aceite, sopa, espectáculos, ollas y hasta barriles de cerveza para el ejército americano. El mismo Melville, después de mostrarse maravillado por sus pesadillas hechizadas, lo celebró con guisos y filetes de esos animales.
La imagen debe haber sido la de lo inagotable.
Pero un día miraron atrás y ya casi no quedaba nada.
Se calculan en 200 mil las tortugas matadas en los últimos dos siglos. Los intentos de preservación de las Galápagos empezaron hace más de cincuenta años. Pero cuando se trata de naturaleza parece que no es fácil reestablecer el orden: lanzado ahí afuera, todo entra en ese torrente biodinámico que es la vida, y el ser humano, que puede ser el más agresivo agente de la evolución, aprende que tampoco es Dios ni mucho menos.
El solitario George no era el más viejo ni el más grande de los tortugos. Era el último en su especie. El último de la isla Pinta. Con él se fue una forma entera de ver y relacionarse con el mundo.
George vivía tímido entre las piedras de su parcela del parque en la Estación Científica Charles Darwin, un lugar un poco árido y expuesto. Rodeado de turistas y científicos y una urgencia ansiosa por lograr su pronta reproducción que nunca dio ningún resultado. De las cruzas con George salieron huevos muertos y una creciente apatía. No importó que le llevaran una bióloga rubia que le hablaba en inglés y quisieran engañarlo con tortugas parecidas a él.
George en vida esquivó a la ciencia pero no dejó de cargar la historia. Vivió cien años, lo que para alguien que puede alcanzar los doscientos es morir bastante joven. Ahora es material genético, un cuerpo embalsamado y recuerdo de museo. Hay científicos que sugieren que tal vez no sea el último de su especie, y otros tantos que esperan el desove de las dos hembras que lo acompañaban, a ver si a último momento se arrepintió y dejó alguna descendencia. Pero por el momento nada de eso existe y su muerte es un hecho contundente: aunque no haya sido más que una pobre tortuga, es la realidad que demuestra que a veces es demasiado tarde.


Fuente: < http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/radar/9-8043-2012-07-01.html >, 01/07/2012

martes, 25 de diciembre de 2012

Balance del año según Mamerto Menapace



"Mi percepción a medida que envejezco es que no hay años malos. Hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son. 
Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado nuestros  egos y nuestros apegos. Por eso, no debiéramos tenerle miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso,  porque ambos son sólo instancias de aprendizaje. 
Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla depende de nosotros, el cómo enganchamos con las cosas que no queremos, depende sólo del cultivo de la voluntad. Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo. 
“Ser feliz es una decisión”, no nos olvidemos de eso. 
Entonces, con estos criterios me preguntaba qué tenía que hacer yo para poder construir un buen año porque todos estamos en el camino de aprender todos los días a ser 
mejores y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas: -a aprender a amar -a dejar huella -a ser felices. 
En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos:
-Aprender a amar la responsabilidad como una instancia de crecimiento. El trabajo sea remunerado o no, dignifica el alma y el espíritu y nos hace bien en nuestra salud mental. Ahora el significado del cansancio es visto como algo negativo de lo cual debemos deshacernos y no cómo el privilegio de estar cansados porque eso significa que estamos entregando lo mejor de nosotros. A esta tierra vinimos a cansarnos,
 
-Valorar la libertad como una forma de vencerme a mí mismo y entender que ser libre no es hacer lo que yo quiero. Quizás deberíamos ejercer nuestra libertad haciendo lo que debemos con placer y decir que estamos felizmente agotados y así poder amar más y mejor.
-El tercer y último punto a cultivar es el desarrollo de la fuerza de voluntad, ese maravilloso talento de poder esperar, de postergar gratificaciones inmediatas en pos de cosas mejores. Hacernos cariño y tratarnos bien como país y como familia, saludarnos en los ascensores, saludar a los guardias, a los choferes de los micros, sonreír por lo menos una o varias veces al día. Querernos. Crear calidez dentro de nuestras casas, hogares, y para eso tiene que haber olor a comida, cojines aplastados y hasta manchados, cierto desorden que acuse que ahí hay vida. Nuestras casas independientes de los recursos se están volviendo demasiado perfectas que parece que nadie puede vivir adentro.
Tratemos de crecer en lo espiritual, cualquiera sea la visión de ello. La trascendencia y el darle sentido a lo que hacemos tiene que ver con la inteligencia espiritual. Tratemos de dosificar la tecnología y demos paso a la conversación, a los juegos “antiguos”, a los encuentros familiares, a los encuentros con amigos, dentro de casa. Valoremos la intimidad, el calor y el amor dentro de nuestras familias. Si logramos trabajar en estos puntos y yo me comprometo a intentarlo, habremos decretado ser felices, lo cual no nos exime de los problemas, pero nos hace entender que la única diferencia entre alguien feliz o no, no tiene que ver con los problemas que tengamos sino que con la ACTITUD con la cual enfrentemos lo que nos toca.
Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan. Y que en cambio, con las penas pasa al revés. 
Se achican.Tal vez lo que sucede, es que al compartir, lo que se dilata es el corazón. Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro".

MAMERTO MENAPACE monje benedictino.

viernes, 15 de junio de 2012

Colegio Nº 13 Tomás Espora - Desmiente


DIFUNDAN
Buenos Aires 14 de Junio de 2012



La comunidad educativa del Colegio 13 desmiente rotundamente la NUEVA DENUNCIA relizada por el Sr. Max Gulmanelli que habla sobre destrozos en el Ministerio de Educación por parte del contingente que ayer 13 de junio de 2012, visitó esas instalaciones para pedir una entrevista con el Ministro Bullrich, luego de una promesa anterior de visitas al colegio de un funcionario del Ministerio que no se cumplieron hasta tanto esta delegación se acercó por segunda vez a las oficinas de Paseo Colón.

Nos preocupa que un funcionario tome como medida recurrente una acción judicial en contra de la comunidad educativa a la que debería estar ayudando y para la que debería estar trabajando. Sobre todo cuando estas declaraciones son FALSAS.

Por lo tanto declaramos que con estas acciones


*Criminaliza la protesta al denunciarla judicialmente mintiendo. No se realizaron destrozos, ni hubo agresiones a funcionarios o persona alguna
*En vez de perseguir debe RESOLVER la reapertura de los cursos porque esa condición es irrenunciable para la comunidad educativa
*No dejamos de educar, enseñamos y aprendemos que la educación es un derecho y se defiende luchando todos
*Por todo esto nos acompañan las organizaciones en defensa de los Derechos Humanos y la sociedad


Para hacerlo público esperamos que puedan acompañarnos mañana 15 de junio en una conferencia de prensa a realizarse a las 8 de la mañana, en el colegio mismo Gallardo 149 Barrio de Liniers


Adhieren al. Comunicado
La liga argentina por los derechos del hombre
Movimiento ecuménico ddhh
Asamblea permanente x los ddhh

miércoles, 30 de mayo de 2012

Crónica del Vaciamiento


-         No me acuerdo de cómo iba a empezar.
-         ¿No lo recuerda?.
-         No.
-         Algo tiene que haber, al menos un flash.
-         ¿Informativo?
-         No, eso no sirve.
-         Pero digame, su actitud me hace sospechar que usted sabe algo.
-         ¿Algo?
-         Sí, algo que yo no sé.
-         Yo puedo saber muchas cosas que usted no sepa, casi lo doblo en edad; lo que no puedo saber es lo que vivió en su experiencia personal. Su vida; su infancia; cómo creció; en dónde; quienes lo rodearon; qué manera de pensar se fue forjando con el tiempo.
-         ¿Forjar?, que yo sepa nunca adquirí conocimientos de herrería, ¿hacia dónde piensa llevar ésta conversación?
-         Pensar es lo que intento que haga. ¿Es que usted no puede recordar nada?
-         Eso parece.
-         Bien, entonces intentemos utilizar una técnica demasiado antigua, la ‘Mayéutica’.
-         ¿Mayéutica?
-         Mire, hace mucho tiempo atrás, demasiado, existió un sujeto (supuestamente, algunos piensan que fue una idealización de otro más rayado), que se llamó Sócrates. La madre de este sujeto era partea, y él muy inteligente decía que aplicaba el oficio de su madre para lograr que el conocimiento brotara de los demás individuos; incluso de aquellos que aseguraban ser completamente ignorantes.
-         ¿En serio?
-         Claro; como una partera, creía que podía conseguir que otros hombres dieran a luz el conocimiento.
-         Usted me está jodiendo. Primero, las únicas que pueden tener crías son las mujeres; segundo, de qué conocimiento me está hablando?
-         Bueno, en este caso le hablo del conocimiento de los últimos suceso que acaecieron en su vida, como para tener información sobre usted. Por otro lado, no hablo de dar a luz en el sentido que usted interpreta, me refiero a sacar afuera, a la superficie, lo que sabe sobre algo en especial. Por ejemplo, cómo iba a empezar.
-         Ah, copado lo suyo. Y cómo piensa hacerlo.
-         Muy fácil, mediante una serie de preguntas que empezarían con la frase ¿qué es?
-         ¿Qué es qué?
-         Por ejemplo, ¿qué es lo último que recuerda de anoche?

(...)

Mariano Vincenzetti (04-12-04)

miércoles, 23 de mayo de 2012

Sobre el oficio


Pareciera que los días no han querido cruzarse en su romántica senda de utopías construidas con lápiz y papel, pareciera que su sueño de un mundo mejor continúa guardado en su antiguo maletín. Esta no es la edad media, pero él sigue cantando y recitando los versos de sus trotamundos pasos, al igual que un juglar.

                                                                       Antonio Machado

lunes, 21 de mayo de 2012

Monólogo


Placeres, de Griselda Gambaro (adaptación)

¡Cómo me gusta el barrio! El centro tendrá las luces, la animación, pero el suburbio... El suburbio con las casitas bajas, el tango... el mate bajo la parra... (se mira la manga) / ¡Mierda, la manga! Ya me parecía que uno, cuando subí al colectivo, ¡se había agarrado de mi manga para sostenerse! La manga rota, y encima, recibí dos sopapos. Una mina creyó que la tocaba, sin darse cuenta de que me empujaban y yo estaba tan apretado, tan apretado que ni podía respirar. Suerte que me vio violeta y gritó. Tuvieron que parar el colectivo. Después la mina se disculpó, pero los dos bifes ya me los había ligado. Apenas respiré otra vez, todos subieron de nuevo, el colectivo arrancó como en una competencia y me dejaron en la calle. Abandonado. Con la manga rota.

Esperé otro colectivo. Volví a pagar el boleto porque el chofer no quiso escuchar razones, ¿Por qué bajó del otro salame?, me dijo.
¿Qué le iba a contestar? El centro los pone locos. Un tipo me clavó el codo con fuerza. ¡Ah!, no lo hizo a propósito. Fue cuando el colectivo frenó de golpe ¡y todos nos fuimos para adelante! Tuve suerte, una señora se tragó la puerta y perdió todos los dientes. Y bueno, se sabe. Viajar a los suburbios no es cómodo.
(Huele el aire, se inclina oliendo hacia la entrepierna) Un nenito que viajaba sentado se agarró de mis pantalones y me vomitó aquí. (Se mira) Se ve que los sacudones... La madre quiso limpiarme (sonríe). No todas son desgracias. Uno tiene sus compensaciones... en el colectivo.
A mí en realidad no me importan las asfixias, los vómitos, los codazos... El que quiere celeste, que le cueste. Cuando llegó acá, a los chalets, a las casas bajas... Recibo mi recompensa.

Me gusta caminar por el barrio al atardecer, ¡una paz, una tranquilidad! ¡Que no me hablen del centro! Voy hasta la esquina y vuelvo / corriendo porque quién se salva de los ladrones.
Pero ahora estamos más tranquilos en el barrio. Contratamos servicio de vigilancia. Debemos tomar alguna precaución –no volver tarde a la noche- / y bueno... se confunden, un error cualquiera lo tiene. Pero el barrio ganó. ¡Hay una seguridad! Pasan en auto, dan vueltas toda la noche y la sirena ¡chiu, chiuuuu! Para avisarle a los chorros. Para no encontrarlos, que huyan antes. Inteligentes, ¿eh? Se ahorran disgustos.
No dormir me pone... irritado. Pero / salgo al patio, veo las estrellas, la luna... No salgo mucho al patio. Porque hace poco una bala perdida le rompió la cabeza a una nena. Son cosas que pasan. Inadaptados hay en todas partes.

Los domingos a la mañana compro el diario, me siento en una sillita baja, tranquilo... ¡qué paz! ¡Una serenidad que-que...! Los del centro, ¡nunca! Esta paz.
Me olvido de los viajes, del colectivo.
Este domingo no lo leí, el diario / porque frente al quiosco pusieron un aviso grande, con dos postes así, (señala) a esta altura, (se señala la frente) un aviso del gobierno, cloacas, hospitales, escuelas... me di vuelta y... me lo llevé por delante / al cartel. El diariero me dijo que nueve de cada diez de los que compraban el diario, se lo llevaban por delante, al cartel. De hierro. La culpa fue mía, tengo movimientos... impulsivos. Me dieron tres puntos en la salita. / Había cola en la salita, / sólo se salvaron los petisos. Podían haberlo puesto un poco más alto, el cartel, no a la altura de la cabeza de la gente, pero tienen otras cosas en que pensar. Las cloacas, las escuelas, los hospitales.

Me gusta mirar la calle, me siento al lado de la ventana. En este momento la calle no está linda, hace casi dos años que está horrible. / Circunstancialmente. Primero vinieron los del asfalto. ¡Quedó la calle...!, lisa, una alfombra. ¡Estábamos contentos...! Y a los dos meses rompieron el asfalto para conectar el agua. ¡Quedó la calle...! un asco. Por pocos meses. La arreglaron, quedó lisita, una alfombra, y vinieron los de las cloacas. Rompieron los caños del agua. Un accidente, no se dieron cuenta. No hay modo de preverlo. Vos sabes, se cubre todo con el asfalto y no se ve lo que hay debajo. Rompen cavan, y ¡zas! Le dan al caño. Una catástrofe. Estuvimos seis meses entre el barro y la caca porque no se ponían de acuerdo sobre a quién le le correspondía arreglar. Y ahora rompieron otra vez el asfalto porque, / no sé... / no sé qué planes tienen. / Plantar árboles, construir una placita en medio de la calle, una playa de estacionamiento... Quedaron unos hoyos así, llenos de agua. Dos por tres se muere un vecino ahogado. O un niñito distraído que camina papando moscas.
Esto pasa en el centro también. Son los costos del progreso. Y en el centro uno se ahoga, no tiene este aire, este cielo... / El cielo no se ve bien, porque suburbio y todo, ¡hay un cablerío! Los árboles son todos mochos, los cortan a esta altura (señala), porque si no las ramas se enredan en los cables y hacen un desastre. El suburbio progresa, ¡sí, sí! Progresa sin perder su encanto. Y los árboles mochos son instructivos, están llenos de carteles. / Parecen las páginas amarillas, llenos de avisos... Plomeros, pedicuras, albañiles, / profesores de inglés...

domingo, 13 de mayo de 2012

Esperando al Mesías...


Estoy esperando un llamado...
Ustedes se preguntan: ¿A qué se dedica? ¿Tengo oficinas en la City porteña, alfombradas, con centralita, computadoras, télex? No. ¿Veo al cardiólogo de la bolsa? No. ¿Tengo yate, estancias, avión particular? No. Ni siquiera tengo auto. ¿Y entonces? Los devora la curiosidad. Lo sé . ¿Soy un cirujano de renombre? ¿Sí? ¿Vendedor? ¿Manosanta? No. Mi dominio es otro. Qué suspenso, ¿eh?
Les voy a contar...
A partir de centrar mi atención en canales de cable que pasan extensas publicidades del tipo llame y compre, me fanaticé por objetos y soluciones inútiles.
Intenté solucionar mi problema de sobrepeso consumiendo cápsulas reductoras, utilizando fajas y trusas reductoras para reducir la grasa acumulada en mi abdomen, cintura y piernas. Busqué tonificar (o solidificar, más bien), esas adiposidades que no cedían con el uso diario de esas prendas confeccionadas con el más fino poliéster / chino.
Combatí mi calvicie con cascos masajeadores que no hacían más que brindarme un grato arrullo craneano, mientras parpadeaba, pasada la medianoche, intentando seguir, sin perder detalle alguno, los relatos sobre exorcismos y curas milagrosas brindados por pastores brasileños, tan de moda en la tv actual, como en los ’80 fue el club 700.
En fin.
Es cierto. Está a la vista. Recuperé el pelo y bajé de peso. Pero desgraciadamente no fue gracias a soluciones mágicas. La televisión me defraudó, aunque yo deposité mi confianza en ella.
La historia sobre cómo alcancé mi estampa actual roza lo escabroso, y supera el motivo de mi exposición. Además es un relato signado por el esfuerzo, la entrega y la resignación de los placeres más queridos por mi, al menos. Para que se den una idea: las mujeres con poco busto se hacen las gomas; los hombres con poco pelo, el entretejido. Qué se le va a hacer.
El fin por el cual me auto convoco hoy a dar esta charla, es la revelación y apología de un adminículo que, desde mi total convicción, promete solucionar mi vida y la de todos como por obra de magia.
Es un aparato simple, pequeño. Si el control remoto constituye una extensión del pene para el hombre, el celular es el punto G que todos podemos tener en la palma de la mano para proporcionarnos goce interminable cuando la insatisfacción se apodera de nuestras vidas.
A partir del celular se modificó mi forma de ver el mundo y pensar mis problemas. Me cargué de energía, tal como se carga la batería del teléfono en el enchufe de la pared. Los dilemas profundos, las angustias existenciales, se vieron eclipsados por problemas superficiales: La recepción o no de un mensaje de texto, la pérdida de señal para comunicarse con el otro. Pero se hizo la luz. Horóscopos y cartas natales pueden llegar casi al instante a nosotros, y darnos las claves para el futuro inmediato; resolver penas de amor; problemas económicos; encontrar ese trabajo que no llega –ni por intermedio de los santos-. Claves para sentirse bien; recetas para los cocineros novatos y presurosos.
Todo esto me extirpó de mis más profundos padecimientos , del mirar hacia adentro; de los conflictos del trato personalizado, el cara a cara. Este pequeño medio electrónico, suma de todos los medios, elimina las contingencias, los errores, la incomodidad de acercarse al otro con el riesgo de ser vulnerable. 
Me convertí en un adorador de la telefonía celular. Recibía cada día mi horóscopo, que utilizaba al pié de la letra para organizar mi vida cotidiana.
Hago un paréntesis en este tema. La verdad nunca leí nada que describiera tal cual lo que pasaba en los diferentes ámbitos de mi vida. Es más, muchas veces no tuve el más mínimo indicio de éxito laboral, incluso lo sigo esperando. Me hice vegetariano; me acostumbré a caminar para mejorar el funcionamiento de mi sistema circulatorio. Todo por recomendación de mi astrólogo digital. Y no sé si funcionó. Sí sé que de un tiempo a esta parte poseo una anemia galopante, pero ya pasará.
En el terreno del amor tengo mis días buenos y malos. No conocí tantas mujeres con las que hayan prosperado relaciones pasionales y llenas de sexo. Pero tampoco me puedo quejar.
Yo confío en mi horóscopo, como tantos millones de personas también lo hacen. Si no, no existirían tanto astrólogos. Porque la gente los necesita. Son los psicólogos del cosmos y saben hacer su trabajo, sólo que sin matrícula.

Mariano Vincenzetti (2007)

domingo, 6 de mayo de 2012

Aquellas pequeñas cosas de la niñez


JACINTO
Graciela Cabal (adaptación)

Era el día del cumpleaños de Julieta. Estaba ansiosa por ver sus regalitos. Ni bien se despertó, comenzó a romper los papeles coloridos y brillantes: una hermosa muñeca; una carterita; una tortuga de verdad y muchas cosas más. De pronto, sentado sobre el escritorio vio a Jacinto. Jacinto era una especie de vaquita de San Antonio. Estaba sentado sobre un lápiz color verde manzana, mirando a Julieta muy sonriente.
De repente, Jacinto le guiñó el ojo a Julieta y le preguntó “¿Dónde es la fiesta de tu cumple?” Entonces, Julieta lo levantó y juntos fueron al comedor de la casa. Sobre la mesa, había una hermosa torta de cumpleaños. Jacinto, ni corto ni perezoso, se subió a la mesa y fue directo hacia la torta ¡qué rica! dijo, e inmediatamente comenzó a pellizcar las riquísimas almendras bañadas en chocolate. Llegaron los amiguitos de Julieta y le cantaron el cumpleaños feliz.
Desde el día de su cumpleaños, Julieta y Jacinto se hicieron inseparables. Si Julieta iba al jardín, allá iba Jacinto muy cómodo en el bolsillo del delantal. A la noche, el lugar preferido de Jacinto para dormir eran las chinelas bien peluditas de Julieta. ¡Y cómo disfrutaba del canasto de juguetes! Se metía bien adentro y comenzaba a revolear todo: ositos, muñecas, peluches…
Como la mamá de Julieta no lo veía, porque Jacinto era tan pero tan pequeñito, cuando encontraba la pieza de Julieta patas para arriba, le daba un buen reto a la pobre Julieta -  “mira lo que es el piso, Julieta, todos los juguetes desparramados!!!” decía la mamá.
Un tiempo después llegó al mundo Santiaguito, el hermanito de Julieta. La casa era un loquero: la mamadera, los pañales, el cochecito… Toda la familia vivía pendiente del bebé y poquito a poco, Jacinto empezó a pasar a un segundo plano. Ya nadie se acordaba de él; ni siquiera Julieta. Jacinto estaba muy triste y celoso del bebé.
Un día se trepó al canasto donde dormía Santiaguito y le arrancó el chupete. El bebé empezó a llorar y Jacinto salió corriendo de la habitación. La mamá, el papá, la abuela y Julieta estaban desesperados, no sabían qué era lo que le sucedía al pequeño.
-“Le duele la panza!” decía la mamá
-“Tiene hambre!”, decía el papá.
Y casi al mismo tiempo, todos gritaron: “Llamemos al doctor Nicolín!”
El Doctor vino de inmediato y examinó a Santiago de pies a cabeza. Después, se rascó un poco la cabeza, miró a todos por encima de sus anteojos y dijo “A este chico, le falta el chupete.” Toda la familia corrió hacia la farmacia de la esquina a comprar un chupete.
El bebé se quedó llorando a moco tendido. Entonces apareció Jacinto en puntitas de pie y le puso el chupete en la boca. Santiaguito paró de llorar  en un periquete y le sonrió a Jacinto; luego, le agarró un dedo bien fuerte. Jacinto trataba de soltarse, pero no podía – En ese momento llegaron todos, cada uno con un chupete en la mano y vieron cómo Santiaguito reía y reía sin parar, loco de alegría-
Jacinto lo miró a Santiaguito, le guiñó un ojo y despacito despacito, se fue acomodando en el canasto, bien cerquita del bebé- ¡Qué bien que se sentía dentro de ese canasto perfumado y lleno de moños celestes!!!. 

sábado, 3 de marzo de 2012

Mi Capital (canción)

La Mississippi
 
Paso el tiempo y no te pude pagar
las cuotas vencidas de mi vida social.
Yo sigo siendo un tipo casual,
que se cree profundo pero siempre es banal.
Y ni un centavo menos,
ni un centavo mas,
es mi cuenta final.
Gaste a cuente de mi vida virtual
y perdí mi crédito sentimental.
Viví sorteando la agudeza fiscal.
Pero a tus ojos no los pude engañar.
 
Y ahora ya no puedo
dar un paso atrás,
es la recta final
 
Flaca ya sabemos
que lo que nos debemos
no se paga mas.
Yo solo tengo esto
virtudes y defectos.
Este soy yo
ese es mi capital.
 
Y ahora ya no puedo
dar un paso atrás
es la recta final.
 
La fortuna siempre tarda en llegar,
al menos yo tengo una reserva moral.
En mi alcancía sólo hay felicidad
y nadie en el mundo me la puede robar.
Ni un centavo menos,
ni un centavo mas...
Es mi cuenta final.
Ni un centavo menos,
ni un centavo mas...
Ese es mi capital !!!




domingo, 1 de enero de 2012

Año Nuevo (por Alberto Ferreyra)

Es preferible esperar
A las 19.58 llegó a la parada. Tenía que estar a las 20.
No debía tomar un colectivo. Lo suyo era jugar un partido de pool.
Había acordado con Graciela encontrarse allí pues a ninguno de los dos le gustaba esperar allí donde el que está solo cree que los demás lo imaginan víctima de un plantón.
-En el pool no, está lleno de tipos -dijo Graciela.
-En un banco de la plaza Olmos podría ser. El problema es que a lo mejor ese banco está ocupado por una pareja y nos desencontramos -contestó Adolfo.
A Graciela le gustó la ocurrencia de Adolfo de verse en la parada de ómnibus tras la Municipalidad y desde allí caminar hasta el pool de Sobremonte al 500, entre Deán Funes y Fotheringham.
-Así me hago la que espero un colectivo mientras vos llegás.
-No vas a tener que esperar. Voy a ir un par de minutos antes de las 8 -replicó Adolfo, con afán de puntualidad después de haber llegado tarde un par de veces en menos de un mes.
Los coches llegaron, se detuvieron y continuaron viaje, como es de prever en las paradas.
Las 19.58 fueron parte del pasado. Quedaron cada vez más lejos conforme se hicieron las 20, las 20.03, las 20.06 y siguientes horas.
Sentado en la verja del edificio de calle Irigoyen al 600, Adolfo miraba hacia la izquierda. Sabía que la chica no iba a llegar por 25 de Mayo, sino por Belgrano o por Irigoyen bajando la numeración, de sur a norte.
Una sombra lo hizo girar la cabeza a la derecha. "No es", fue la amarga consecuencia pensada después de haber visto a un pibe al que había imaginado Graciela.

Lo supo
A las 20.12, Adolfo tuvo la certeza de que ella no iría a la cita. La sabía puntual, con esporádicas impuntualidades de menos de 10 minutos.
Aunque era impaciente como pocos -los analistas del horóscopo se lo atribuían a su condición de taurino-, Adolfo hubiera deseado seguir esperando a darse cuenta de que Graciela no iba a jugar con él al pool. Quizás debido a que la piba con la que inicialmente tomaba el café de los amigos le había generado sentimientos como para proponerle noviazgo.


Autoridades
-Él es rector de la Universidad.
-Él es decano de Ciencias Exactas.
Las tonterías estaban de parabienes en boca de la dupla de jóvenes que parloteaban en el boliche adonde habían ido después de un asado en la casa de Román, un amigo común.
-En realidad no soy el rector, voy a serlo dentro de 20 años -prometió Ezequiel.
No hizo falta desmentir que Martín era autoridad de la Facultad de Exactas.
Las dos chicas a las que se dirigían los miraban y sonreían, acaso momentáneamente entretenidas o aburridas de un modo distinto del de ratos precedentes.
Martín se puso a charlar con Lucía; Ezequiel, con Fiorella.
"Vos tenés dos chicos, yo tengo una nena", fue una de las expresiones que Martín recordó como suya mientras iba saliendo del boliche en remís junto con Ezequiel y Román.
La frase había sido la última de un diálogo con Lucía hasta ese momento prometedor.
El otro parDespués de hablar de un abuelo y una hermana de Fiorella a los que Ezequiel conocía, aludieron a la necesidad de trabajar de ella y al concepto de él relativo a que quien trabaja sin estudiar una carrera universitaria está más expuesto a hacer lo que no le gusta.
Él se ofreció a ayudarla en lo que pudiera. Bueno, pero no héroe de los que aparecen muy de vez en cuando, advirtió que la ocasión era propicia para pedirle el teléfono.
No importó la falta de birome y de papel, ni que fueran 9 los números a memorizar, como que se trataba de un celular.
El sábado, cerca de las 7 de la tarde, él la llamó.
El domingo, a las 8 y 10 de la noche, se sentaron a una de las mesas del café Square, de donde salieron a las 11 menos 20.


Un reloj particular
"No podrás decir que soy impuntual". La frase, pronunciada al tiempo que le mostraba el reloj clavado en las 20:00:00, fue la primera de Adolfo a Graciela ese domingo de marzo.
Ella sonrió y descalificó la hora del reloj de quien sabía que llegaba cerca de 10 minutos después de las 20 a la cita en la heladería que está enfrente de la terminal de ómnibus.
-No pensarás que atrasé el reloj a propósito para aparentar puntualidad -dijo él en tono más jocoso que serio.
Una sonrisa a la que él leyó como "Sos un desastre" fue la contestación de Graciela.
Dolor de muelas adujo ella para no tomar helado.
El impuntual, que acreditaba algún que otro elemento de caballerosidad, explicitó que no era lo mejor para ella quedarse ahí viéndolo tomar un helado. Trascartón, la invitó al tercer café entre ambos.
No fue en Square ni en el Cyber Café de calle Alvear al 600. Se instalaron en uno de Sobremonte al 1000, entre Moreno y Rioja, donde a Graciela no le importaba estar con "ropa de entrecasa", tal la calificación de ella respecto de una remera y un pantalón negros.
El del lugar no resultó el único cambio con relación a los anteriores encuentros. Por primera vez, él la acompañó de vuelta a su casa. Es dable suponer que la conducta confirmaba el entusiasmo creciente de él y el consentimiento de ella.



sábado, 10 de diciembre de 2011

Un Justiciero

El Enmascarado no se rinde
(cuento callejero)


Cuando la maestra entra al aula de 2º grado donde daba clase, encuentra en la pizarra escrito:
PIS (El Enmascarado)


Con el ceño fruncido se dirige a la clase y los increpa para que confesara el culpable.

Ante el silencio reinante, se calma, y dice, "haremos lo siguiente, todos cerraremos los ojos y el que escribió eso, se para y lo borra".
"Todos a cerrar los ojos"

Se escucha que se corre una silla, unos pasitos, ruidos en la pizarra y luego pasos y silla en su lugar.

"Ahora, todos abrimos los ojos"

Y en el pizarrón dice:
PIS Y CACA
El Enmascarado no se rinde!!!

viernes, 9 de diciembre de 2011

No queda Nada...

Nada


He llegado hasta tu casa...
¡Yo no sé cómo he podido!
Si me han dicho que no estás,
que ya nunca volverás...
¡Si me han dicho que te has ido!
¡Cuánta nieve hay en mi alma!
¡Qué silencio hay en tu puerta!
Al llegar hasta el umbral,
un candado de dolor
me detuvo el corazón.

Nada, nada queda en tu casa natal...
Sólo telarañas que teje el yuyal.
El rosal tampoco existe
y es seguro que se ha muerto al irte tú...
¡Todo es una cruz!
Nada, nada más que tristeza y quietud.
Nadie que me diga si vives aún...
¿Dónde estás, para decirte
que hoy he vuelto arrepentido a buscar tu amor?

Ya me alejo de tu casa
y me voy ya ni sé donde...
Sin querer te digo adiós
y hasta el eco de tu voz
de la nada me responde.
En la cruz de tu candado
por tu pena yo he rezado
y ha rodado en tu portón
una lágrima hecha flor
de mi pobre corazón.

Horacio Sanguinetti (1944)

domingo, 4 de diciembre de 2011

Castillos en el Aire

Alberto Cortéz
Quiso volar igual que las gaviotas, libre en el aire, por el aire libre y los demás dijeron, "¡pobre idiota, no sabe que volar es imposible!". Mas él alzó sus sueños hacia el cielo y poco a poco, fue ganando altura y los demás, quedaron en el suelo guardando la cordura. Y construyó, castillos en aire a pleno sol, con nubes de algodón, en un lugar, adonde nunca nadie pudo llegar usando la razón. Y construyó ventanas fabulosas, llenas de luz, de magia y de color y convocó al duende de las cosas que tiene mucho que ver con el amor. En los demás, al verlo tan dichoso, cundió la alarma, se dictaron normas, "No vaya a ser que fuera contagioso..." tratar de ser feliz de aquella forma. La conclusión, es clara y contundente, lo condenaron por su chifladura a convivir de nuevo con la gente, vestido de cordura. Por construir castillos en el aire a pleno sol, con nubes de algodón en un lugar, adonde nunca nadie pudo llegar usando la razón. Y por abrir ventanas fabulosas, llenas de luz, de magia y de color y convocar al duende de las cosas que tienen mucho que ver con el amor. Acaba aquí la historia del idiota que por el aire, como el aire libre, quiso volar igual que las gaviotas..., pero eso es imposible..., ¿o no?

sábado, 26 de noviembre de 2011

Haikus Porteños



EN LA NOCHE
Sirenas de patrulleros.
Ruidos de persecución.
Silencio de incertidumbre.


EN EL BONDI
La moneda cae por la ranura.
Sonido metálico.
Un boleto que sale.


EN LA NOCHE II
El murmullo del viento
en los árboles frondosos,
semeja la lluvia.


Mariano Vincenzetti(2004)

El haiku, haiku, derivado del haikai, consiste en un poema breve de tres versos de cinco, siete y cinco moras respectivamente. Comúnmente se sustituyen las moras por sílabas cuando se traducen o componen en lenguas romances. Es una de las formas de poesía tradicional japonesa más extendidas. Su temática está relacionada con la naturaleza.

Himno de mi Corazón

Los Abuelos de la Nada


Sobre la palma de mi lengua
vive el himno de mi corazón
siento la alianza más perfecta
que injusticia a media vos
la vida es un libro útil
para aquel que puede comprender
tengo confianza en la balanza
que inclina mi parecer

Nadie quiere dormirse aquí
algo puedo hacer
tras haber cruzado la mar
te seduciré
por felicidad yo canto

Nada me abruma ni me impide
en este día que te quiera amor
naturalmente mi presente busca
flores es de a dos
nada hay que nada prohiba
ya te veo andar en Libertad
que no se rasgue como seda
el clima de tu corazón

Nadie quiere dormirse aquí
algo debo hacer
tras haber cruzado la mar
te seduciré
solo por amor lo canto

viernes, 18 de noviembre de 2011

Para leer a los Pitufos




Por Alejo Schapire
Desde Paris



Mientras los cines del mundo estrenan la lavada adaptación en 3D de los suspiritos azules del belga Peyo, un académico francés publicó en Francia un ensayo en el que rasca debajo de la ya mítica superficie azulada y baraja las hipótesis políticas que podría haber en esa comunidad de enanos estandarizados, de gorro frigio y líder rojo: el arquetipo de una utopía totalitaria impregnada de estalinismo y nazismo. Aunque cueste creerlo, las 177 páginas de El pequeño libro azul le han valido a Antoine Buéno no sólo un inesperado éxito editorial, sino también varias amenazas de muerte.


¿Qué clase de doctrina política domina la vida de los pitufos, que obedecen ciegamente a Papá Pitufo? ¿Por qué todos llevan un revolucionario gorro frigio y, con la significativa excepción del líder –vestido de rojo y con una barba marxista–, son idénticos, intercambiables? ¿Y qué sistema rige la economía de la aldea, basada en el colectivismo, el trabajo obligatorio y la ausencia de moneda? ¿Y todas esas hoces y esos martillos que aparecen juntos todo el tiempo?
No hace falta ser demasiado perspicaz para ver en la aldea pitufa una reminiscencia de granja soviética. Todos sospechamos que el mundo utópico de los suspiritos azules es algo más que un inocente dibujo animado para niños salido de un comic, pero hubo que esperar a la publicación de Le petit libre bleu: Analyse critique et politique de la société des Schtroumpfs (Ed. Hors Collection) (El libro azul: Análisis crítico y político de la sociedad de los Pitufos) para contar con una investigación más o menos rigurosa sobre un fenómeno pop cuyo último avatar es la película Los Pitufos 3D, que se estrenó el jueves pasado en el cine.
El escritor Antoine Buéno, conferencista de Sciences Po (Instituto de Estudios Políticos de París), donde enseña la materia Utopía, y ghost writer del ex candidato presidencial François Bayrou, restringió su exégesis a los diecisiete álbumes de tapa dura firmados por el franco-belga Pierre Culliford, alias Peyo, entre 1963 y 1993. El motivo: la muerte del historietista, en 1992, también supuso el fin de aspectos esenciales del universo pitufo, puesto que aunque la historieta fue retomada por su hijo, y Hannah Barbera ya se encargaba en los ‘80 de la versión animada, los rasgos ideológicos de los personajes y sus peripecias se fueron licuando en el signo políticamente correcto de los nuevos tiempos, sobre todo a pedido de los norteamericanos.
Desde el vamos, para Buéno la pregunta no es tanto si esta sociedad constituida por “buenos salvajes” que se rompen el lomo todo el día viven en un koljós –o gulag, nadie abandona impunemente la aldea–, sino si Papá Pitufo vendría a ser Karl Marx o aquel otro Papá, el de los Pueblos, Stalin. El autor se decanta por esta segunda hipótesis, no sólo porque el patriarca ejerce efectivamente el poder, sino por la existencia de otro personaje clave: Pitufo Filósofo, que “parece tener un grado de parentesco con León Trotsky, el mayor rival y el peor enemigo del dictador ruso”. Los anteojos redondos, su personalidad contestataria y de maestro ciruela es la misma imagen que el estalinismo propagó del creador del Ejército Rojo desde los años ’30 hasta declararlo “enemigo del pueblo” y mandarlo matar. De ahí que Pitufo Filósofo sea constantemente aporreado y perseguido por sus semejantes mientras trata de aleccionarlos con arrogancia.
El enemigo de la URSS era el capitalismo, el de los pitufos es el codicioso brujo Gargamel, que aspira a hacer un puchero de criaturitas azules, indispensables en la receta para fabricar la piedra filosofal que le permita convertir el plomo en oro. Para Buéno no hay duda, la avaricia, la nariz ganchuda, la joroba, la suciedad: “Es el judío tal como lo representa la propaganda estalinista”. Por si quedaban dudas, su gato se llama Azrael, casi Israel.
CABALLO DE TROYA COMUNISTA
En plena Guerra Fría, la llegada de los pitufos fue percibida en Estados Unidos como un caballo de Troya pop teledirigido desde Moscú. De hecho, Smurf, como se denomina al pitufo en su versión anglosajona, siempre fue para muchos el críptico acrónimo de Small Men Under Red Forces o Small (o Socialista o Soviet) Men Under Red Father (Pequeños Hombres Bajo las Fuerzas Rojas o el Padre Rojo). Buéno no lo cita, pero su libro, que presenta al pitufo anónimo y colectivizado como la antítesis del ocioso individualista Mickey Mouse, puede entenderse como una respuesta al clásico de los ‘70 Para leer al Pato Donald, donde el chileno Ariel Dorfman y el belga Armand Mattelart pasaban al imperialismo yanqui del tío Walt por la grilla de la lectura marxista.
La principal crítica pitufa al capitalismo se plasma en las páginas de El Pitufo Financiero, donde un azulito desprevenido aprovecha la enfermedad de Papá Pitufo para aventurarse en el mundo de los humanos –siempre decadentes y peligrosos– e importa la idea del dinero. Luego, inventa una máquina capaz de transformar una bolsa repleta de nueces en una moneda de oro. Sabio, Papá Pitufo pregunta al infractor qué piensa hacer con el vil metal. “Comprar una gran bolsa de nueces”, admite el transgresor... Pero la verdadera lección de esta fábula materialista llega después, cuando la introducción de las transacciones crea rápidamente una brecha entre los pitufos más productivos, que se enriquecen, y los demás, como los artistas o Pitufina, que caen en la indigencia. El sistema igualitarista se rompe, sembrando zozobra y dejando al descubierto la verdadera naturaleza del capitalismo. Por suerte, el líder máximo pone fin a la terrible experiencia.
El otro enemigo declarado de la Unión Soviética era el fascismo. El Pitufísimo, segundo álbum de los pitufos, narra cómo en ausencia de Papá Pitufo los pitufos osan organizar una elección para reemplazarlo. Por supuesto, el ganador, gracias a una campaña marcada por el clientelismo, se convierte progresivamente en un déspota que esclaviza al pueblo y lo obliga a edificar un palacio para el tirano. Sólo una revolución acabará con el tramposo régimen salido de las urnas. Papá Pitufo regresa, retoma el poder y, paternalista, les reprocha una vez más el haberse “comportado como seres humanos”.
A Buéno no le faltan argumentos para hablar de sociedad estalinista. El idioma de los pitufos –analizado ya por Umberto Eco en Kant y el ornitorrinco– que sustituye verbos y sustantivos por pitufar y pitufo, ¿no es acaso una neolengua orwelliana?, se pregunta el sociólogo. ¿O por qué el título original de El Astropitufo es Le Cosmoschtroumpf (cosmonauta es la terminología rusa), mientras los francófonos hablaban entonces de “spatiaunautes” y los anglófonos de “astronauts”? La analogía con la utopía marxista es fácil; menos obvia es la comparación con el nazismo.
PITUFINA, LA RUBIA TARADA DEL REICH
¿Y si los gorros blancos fuesen los del Ku Klux Klan? La secta también tiene un líder que usa uno rojo, llamado Gran Dragón. Pero son detalles, aclara Buéno, lo que realmente importa es que el elemento esencial del Tercer Reich fue el racismo, y el primer libro de la saga es, casualmente, Los Pitufos negros. En esta tira, una mosca pica a un pitufo. Este se vuelve negro y empieza a portarse como un salvaje: salta de un lado a otro mordiendo e infectando a sus semejantes mientras grita: “¡Ñac, Ñac!”. Más o menos la idea que los belgas podían tener de los africanos en plena descolonización del continente negro: caníbales brutos que se multiplican como plaga y ponen en peligro la sangre azul del pueblo. De hecho, apunta Buéno, Los Pitufos negros es la única historia que las editoriales norteamericanas se negaron a publicar durante años, hasta que decidieron distribuir una versión en la que los pitufos en vez de negros se vuelven violeta...
En la primera historieta, lo negro era peligroso y degenerado, en la tercera, lo rubio es inocente y bello. Gargamel, siempre buscando un modo de convertir en sopa a los pitufos, crea a Pitufina, la única hembra de la raza pitufa, morocha y de pelo corto, cuya misión es sembrar cizaña con su carácter superficial y caprichoso. La primera reacción de sus congéneres es el rechazo, pero Papá Pitufo interviene y mediante “una operación de cirugía esteticopitufa” la convierte en una rubia irresistible, igual de tonta, pero bella, en otras palabras, la arianiza, lo que le permite la asimilación. Los norteamericanos, en pleno feminismo reivindicativo, interrogaron mucho a Peyo sobre este personaje, pero el autor no hizo más que confirmar las sospechas de misoginia y sólo años más tarde Pitufina, bajo la pluma de otros autores, dejaría de ser el estereotipo de la rubia tonta. Mientras tanto, si hay una sola pitufina es porque “desde una óptica reaccionaria y corporativista, ser mujer es una función social en sí misma”. “Para los nazis, una división clara de las funciones entre los sexos es esencial para la salud moral y física de cada uno y del cuerpo social en su conjunto”, analiza Buéno. “Del mismo modo que sólo hay un Pitufo Cocinero o un Pitufo Campesino, sólo puede haber en esta sociedad de alegorías una Pitufina”, teoriza.
Buéno señala que los pitufos evolucionan en un espacio “volkisch”, la estética folklórico populista de los nazis, y su tiempo es el del pasado mítico, mágico y romántico de una Edad Media ahistórica propia del género fantástico y del imaginario del nacional socialismo. El autor recuerda además que los pitufos son un spin-off de otra tira de Peyo, Johan y Pirluit, que ya le valió acusaciones de antisemitismo cuando en El País Maldito un personaje pequeño y narigón insulta a los pitufos en idish, cuando la convención es usar ideogramas, nubes o rayos.
Lo desconcertante de este ensayo es que, pese a la despiadada lectura que hace de la obra de Peyo, Buéno aclara que acusarlo de estalinismo o nazismo “no tendría ningún sentido”. “No era un hombre engagé”, opina. “Según Hugues Dayez, su biógrafo, no desarrolló nunca una conciencia política.” “No le interesaba la política y votaba por los liberales, el partido belga de centroderecha”, advierte. Y concluye: “Los pitufos serían un caso típico de disociación entre las intenciones de un autor y las representaciones y las ideas desplegadas en su historieta”.
En todo caso, hay fans de los pitufos que no están dispuestos a perdonar estas interpretaciones y le envían por mail insultos y amenazas de muerte. Al principio le causaba gracia, pero a medida que el libro cobra notoriedad la presión aumenta. “Creo que hay seguramente una amalgama entre las polémicas moralizadoras sobre la prohibición de Tintín en el Congo, o incluso en otro registro con Lucky Luke y su cigarrillo”, comenta. “La gente no quiere creer que sólo me entregué a un ejercicio intelectual escolar que no denuncia ni delata. También tiene que ver con el hecho de que está muy ligado a lo afectivo del tema: todo lo que tiene que ver con la infancia tiene algo de sagrado, es como si me gritaran ‘no te metas con mis magdalenas, Proust’”, observa.
Domingo, 7 de agosto de 2011
En: < http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-7235-2011-08-07.html >

viernes, 11 de noviembre de 2011

Buenas Palabras

Bendición de Dragón  
(de Gustavo Roldán)


Que las lluvias que te mojen sean suaves y cálidas.
Que el viento llegue lleno del perfume de las flores.
Que los ríos te sean propicios y corran para el lado que quieras navegar.
Que las nubes cubran el sol cuando estés solo en el desierto. 
Que los desiertos se llenen de árboles cuando los quieras atravesar. O que encuentres esas plantas mágicas que guardan en su raíz el agua que hace
Que el frío y la nieve lleguen cuando estés en una cueva tibia.
Qué nunca te falte el fuego.
Que nunca, te falte el agua.
Que nunca te falte el amor.
Tal vez el fuego se pueda prender.
Tal vez el agua pueda caer del cielo. 
Si te falta el amor no hay agua ni que alcancen para seguir viviendo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Cambios en nuestro lenguaje a través del tiempo

Lunfardo: ladrón.
El lunfardo nació en los barrios bajos de Buenos Aires, en las comisarías y en los conventillos donde vivían los inmigrantes a fines del siglo XIX y principios del XX. En aquellos años habían llegado muchos genoveses, piamonteses y algunos lombardos. Como en Lombardía había banqueros y prestamistas, los más humildes decían que los lombardos o lumbardos eran ladrones. ‘Lumbardo’ derivó en ‘lunfardo’.
José Gobello, presidente de la Academia del lunfardo trasformó al lunfardo en un hecho lingüístico: el lunfardo era hijo de los patios de los conventillos, donde se juntaban los inmigrantes. El lunfardo se filtró en todos los estratos sociales; hoy, consta de 6000 palabras. A las que se le suman extranjerismos como ‘chatear’, y palabras surgidas de la actualidad como ‘piquetero’, ‘cacerolazo’ o ‘botinera’. El lunfardo se retroalimenta con términos del rock y la cumbia.

Adaptado de
Nora Sánchez  “El portenísimo lunfardo se renueva con palabras del rock y la cumbia”, 21/08/2011.


Los Monstruos  de Juan Diego Incardona
(adaptación)

Corrían los años del Hombre Gato, el Enano de la Cruz, el Ahorcado del Tanque y los Lobisones del campo. Villa Celina, como el resto de los barrios, estaba rodeada de potreros y campos. Por las noches estos lugares se convertían en algo amenazante y se oían voces y ruidos extraños. Para mis amigos y yo, entre 11 y 12 años, este tipo de cosas nos promovía un montón la imaginación.
Un día después de la escuela nos juntamos con un grupo de amigos en una esquina del barrio, mientras la noche caía lentamente. Los chicos discutían si los ladridos eran de los perros o eran aullidos de los lobisones, cuando de pronto vieron una luz entre blanca y amarilla moviéndose y formando figuras. Uno de los chicos, el cabezón Adrián, dijo que debía ser la luz mala del perro de “la Maico”, enterrado el día anterior en el campito. Adrián explicó que la luz mala eran las almas que salían de los muertos, según le había contado su tío Medina. Yo me acordé del canario que había enterrado con mi abuelo en la maceta de los malvones, en el patio de casa. La luz mala comenzó a ir hacía el grupo y los tres se levantaron espantados y corrieron para sus respectivas casas.
Yo compartía la pieza con mis dos hermanas: María Laura, de 6 o 7; y María Cecilia de 3 o 4 años. Ellas se dormían inmediatamente, pero yo no podía pegar un ojo porque tenía terror a la oscuridad; me tapaba con las sábanas y la frazada hasta la cabeza. Estaba convencido que el canario revoloteaba alrededor de mi cama y una vez me desperté con la impresión que alguien me tiraba del pelo. Lo primero que se me ocurría en momentos así, era prender el velador. Para esos días, el maestro de ciencias naturales nos había enseñado a hacer una linterna casera; yo la llevaba a la cama y cuando la prendía adentro de la cueva todo se iluminaba. Pero en los espacios abiertos era como si nada. Al llegar el verano fue peor porque quedaban solo las sábanas y yo no contaba nada de mis problemas a mis padres. A las cinco de la mañana papá entraba a la pieza antes de ir a la fábrica, para ver si todo estaba bien. Yo me destapaba la cabeza y simulaba dormir y hasta roncar.
El ropero era mi gran preocupación, más oscuro que nada, de noche se le abrían las puertas. Una noche se abrieron y cerraron todas las puertas de la casa; los espíritus estaban enojados y decían malas palabras.
Un sábado al mediodía yo estaba con mis amigos mirando un partido a la pelota de “los viejos” y le saqué el tema a uno que se llamaba el cabezón Navarro que sabía un montón de estas cosas, porque su tío Medina le contaba todo tipo de historias. El cabezón nos dijo que los fantasmas eran como los perros: te olían y después no te molestaban más.
Entonces me decidí al todo o nada; a la noche cuando me mandaron a la cama y se apagaron todas las luces, empezaron los ruidos; el canario revoloteaba alrededor de la cama y la puerta del ropero se abría y se cerraba. Respiré profundo, abrí los ojos, salí de la cama y caminé hacia la puerta de la pieza; detrás de mi caminaba un montón de gente. Subí la escalera hasta la terraza, cerré los ojos y se acercaron para olerme. El Hombre Gato daba vueltas a mí alrededor, el Enano de la Cruz me pasaba entre las piernas, los lobisones me olfateaban los pies.
Las luces malas me alumbraron, abrí los ojos; todos los chicos de Villa Celina abrieron los ojos y en ese momento, entre la General Paz y la Ricchieri, mientras los padres dormían, todos los chicos eran hermanos de los fantasmas: eran los monstruos, a la noche, caminando en los techos.